Hay una tendencia a un desorden que siempre estuvo tendiente, en la historia de la computación. En parte incentivada por los derechos de propiedad intelectual en medio de un nuevo terreno sin definición ni reglas previas.
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Así fue como empezó el caos inicial. Desde la posición del bit más significativo a la definición de qué tipo de tabla de caracteres, EBCDIC, BAUDONT, ASCII. Cuando se pusieron de acuerdo con ello llegó el desorden más allá del 7bit. Y así siguió con las distintas versiones de S.O. lenguajes de programación y aplicaciones, amén de su almacenamiento de archivos. Ni el fin de línea se salvó de ello, unos con 0x0D, otros 0x0A y 0x0D, 0x0A. Parecía que el único acuerdo era en la discordancia.

Para hacer investigación científica o casi cualquier cosa se debía importar, convertir o retipear un montón de documentos. Un auténtico incordio que retrasaba cualquier cosa por hacer.

La cosa llegó a un límite de caos que finalmente se plantearon una forma de hacer que la documentación se estandarizó entre plataformas, medios de comunicación y se pudiera entrelazar con cualquier documento en formato estándar. De allí surgió el HTML y la Web.

A pesar de lograr una plataforma que realmente optimiza todo el acceso a la información, hubo intentos de apropiarse o desbancarlo.
El primero fue de parte de Microsoft con el “Optimizado para IE”, si se miraba bien dentro del código html solo se encontraba un agregado de script que te derribaba a un mensaje de error o bloqueo ante el intento de accederlo desde otro navegador. Muy burdo y que finalmente se dejó de usar cuando el navegador entró en decadencia de funciones y abandono de los usuarios.
El segundo, la imposición de Adobe con Flash, para darle efectos y animaciones a la Web. Finalmente se está abandonando por su excesivo peso y sus casi ilimitadas fallas de seguridad.

Ahora estamos en un momento nuevo en que las funciones están cambiando de plataformas del escritorio a la mano con el uso de Celulares y Tablets. Todo termina en alguna Aplicación. A tal punto que los celulares cada cierto tiempo no dan más de tantas aplicaciones que se les inserta o que las mismas requieran de una versión del S.O. más moderno en equipos que los fabricantes decidieron no actualizar aun si el hardware tenía fuerza suficiente para ello. Y ni hablar de la nueva variedad de plataformas. IOS, Android, WebOS, y otras cosas menos representantes que hay por allí.

Para citar un ejemplo, basta ver el hardware que existía en el año 2000 y comparalo con el celular de hoy. 1 núcleo de procesamiento, 1Ghz o 1.3Ghz  de Reloj, 256MB de RAM discos de 12 a 30 GBytes. contra (tomando un celular de gama media), 4 núcleos, 1.4 a 2.0 Ghz, 1.0 GByte de RAM y 8 a 32 GBytes de soporte. Y aún así en poco tiempo será o es ya insuficiente para todas las apps que se quiere o necesita instalar.

Para empeorar las cosas muchas de estas apps. hacen lo que bien se puede hacer con HTML5 en forma más liviana. hay una pega en por qué algunas empresas empiezan a volcarse totalmente a las apps, es que le permiten ahorrar procesos del servidor. La primera etapa de algunas entradas puede ser validada en el mismo equipo del usuario. Que el formato del eMail sea correcto, La fecha de nacimiento determine que de un mínimo de edad, (que la teoría coincida con la realidad es otro tema), que el contenido de los campos no sea código destinado a realizar una inyección de SQL. entre otras cosas. La segunda es la salida o respuesta al usuario, el servidor le puede mandar los datos en forma secuencial básica y el apps se encarga de presentarlos en la pantalla en una forma más ordenada. Estas cosas ahorran tiempo de proceso en los servidores y ya se imaginan, milisegundos por millones de transacciones por día redunda en ahorro de energía de procesos, agua de refrigeración y aumenta las ganancias por operación.

No les parece que estamos invirtiendo demasiado en equipos portátiles personales para procesos que se pueden hacer igual de eficientes con la Web.

En fin, hay mucho caos en esto y como dice el dicho, “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Y creo que a la mayoría no nos gusta sentirnos pescados. ¿No?.

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Claudio De Brasi.