por Sebastián Serrano, CEO y co-fundador de Ripio (Nota de Prensa Ripio)

En 2017 Bitcoin cruzó definitivamente la valla que lo mantenía del lado del nicho tecnológico para saltar definitivamente a la masividad. A caballo de su mayor apreciación histórica, los ojos de todo el mundo se posaron sobre esta moneda que nació en 2009 y volvió a constituirse como la inversión más rentable del año pasado.

¿Qué representa un Bitcoin mainstream? Fundamentalmente, la validación de que esta tecnología puede ofrecer soluciones financieras innovadoras a través de un protocolo descentralizado (estructurado de una forma muy similar a Internet) que genera una reserva de valor única.

El “triunfo” del Bitcoin tiene a su vez un fuerte sabor local, ya que el ecosistema emprendedor argentino fue pionero en el desarrollo de la estructura para poder acercar la moneda al público. La empresa Ripio, por ejemplo, comenzó a prestar sus servicios de intercambio hace cinco años y se constituyó como una de las primera plataforma Bitcoin de América Latina. Otros proyectos locales, como Rootstock, acompañaron también tempranamente ese proceso.

Tim Draper, inversor visionario de Sillicon Valley, reconoció el rol clave de las startups locales en este sentido: “Los argentinos tienen un rol extremadamente importante en el ecosistema Bitcoin y la necesidad de tener una alternativa financiera para los negocios digitales (e internacionales) de la década pasada lo que impulsó el interés y el apoyo de los argentinos a la criptomoneda” – explicó el gurú del Bitcoin en noviembre pasado.

Ahora bien, ¿qué futuro le espera al Bitcoin ahora que alcanzó la masividad y se instaló en la mente colectiva como una opción real de inversión? Esa pregunta requiere de una mirada más amplia para dar una respuesta más precisa.

Como anticipábamos, las criptomonedas están probando que pueden ofrecer soluciones prácticas para cualquier persona. Así, mientras que el Bitcoin se constituye como el “oro virtual” (es decir, la moneda de referencia) otras alternativas emergen para ampliar el horizonte de aplicaciones.

Ethereum es el caso más conocido. Los contratos inteligentes que habilita esta tecnología demuestran su flexibilidad para incorporar múltiples capas de información e implementaciones. Por ejemplo, contratos de propiedad internacionales seguros y sin intermediarios. Zcash, otra de las criptomonedas más populares, permite transacciones internacionales inmediatas a costos muy bajos y con mayor privacidad.

Estos son apenas algunos ejemplos de lo que el horizonte de la tecnología aproxima. Lo cierto es que el salto de Bitcoin hacia la masividad es sólo el puntapié inicial de un proceso mucho más grande que recién está comenzando: una revolución económica global que apunta a una mayor inclusión y a la descentralización de los servicios financieros básicos.

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